Como en una obra de teatro, una vez más se levanta el telón, y el funcionario vasco hablará mañana por la tarde, y por primera vez en la historia de nuestra joven democracia ante el Congreso de los Diputados.
Defenderá lo indefendible: la secesión de la parte del Reino de España que administra, con la excusa de contar con el más que cuestionable apoyo de (persona arriba, persona abajo) unos 350.000 separatistas como él, muchos de los cuales comulgan abiertamente con la violencia de ETA.
Acto seguido el guión dice que el Presidente del Gobierno replicará y manifestará con rotundidad -esperemos- que NO ha lugar al desarrollo de su “plan”, y por ende de la secesión. Huelga decir que el líder de la Oposición hará lo propio 30′ después.
El funcionario vasco no tendrá opción de contra-réplica. Ni falta que le hace, que ya ha abierto bastante la boca, y es hora de que el país se la cierre. Se procederá al ritual del voto y se cercenará el proyecto de un funcionario más que por un momento se ha creído por encima del bien y del mal, por encima de la Soberanía de un Estado.
Sea.
Últimamente me he sorprendido huyendo de mi mismo. Ando de aquí para allá midiendo cada reacción propia cada vez que ésta sucede. Intento abstraer la situación que he vivido momentos atrás y verla con perspectiva. Intento llegar a una observación crítica de mi mismo. Pero suelo juzgarme demasiado severamente, y casi siempre negativamente. Me pregunto si he conseguido ser como siempre había querido, o si no me parezco a mi mismo en absoluto. Lo cierto es que a esa pregunta todavía no he hallado una respuesta que me convenza. Pero mantengo la extraña convicción que estoy huyendo de mi mismo. A lo mejor es darle demasiada importancia a a una simple sensación, pero es que de un tiempo a esta parte estoy sintiendo la necesidad urgente de realizar algunos cambios en mi forma de ser. Puede que “cambio” sea un término demasiado extenso, o tremendo. Lo que creo que me está sucediendo es que estoy llegando a una etapa de tránsito en mi vida que forzosamente me tiene que hacer evolucionar. Sólo espero que con la evolución no salga mal parado.
Ceder es cuando reconoces la superioridad de otra idea sobre la tuya propia y dejas que se imponga porque de lo contrario llegaría a aplastarte. Conceder es cuando ves que tu idea tiene mucho más peso y fuerza que las demás pero las dejas pasar delante porque aplastarlas no redundaría en beneficio propio.
A pesar de esta aplastante estadística sobre las visitas que recibe esta humilde bitácora, je decidido cambiar mis planteamientos con respecto a su diseño. Me explicaré.
Veamos el siguiente gráfico:

Es obvio que el navegador preferido por mis visitantes es Firefox.
Eso demuestra dos cosas: en primer lugar que el tipo de lector de esta bitácora demuestra ser considerablemente inteligente. En segundo lugar, que cuando tomo la decisión que ahora os anunciaré, no cedo, sino concedo.
Se trata de lo siguiente: voy a remodelar -una vez más- el aspecto de mi bitácora. Pero porque, como siempre me ha indicado José Luís, cual Pepito Grillo, si bien Firefox es una opción sensata y acertada, no debemos perder de vista que el Explorer es el navegador más utilizado y es muy posible que una página que no se visualice correctamente en ese software de mala calidad pierda posibles lectores, porque para ellos es esta web la que está mal diseñada, ya que consideran que IE cumple los estándares y por tanto, si no se ve en Explorer, es que está mal hecha. Craso error, porque es precisamente al revés. Para muestra un botón. Mi plantilla anterior valida perfectamente el CSS 2.0 de la W3C y sin embargo en IE se ve como el culo.
Bueno, pero no divagaré. He escogido la “plantilla primigénea” de mis 5 creaciones y de momento y hasta que re-diseñe mi sitio para que se visualice perfectamente en Firefox y en MSIE, Caeurelus va a ser el aspecto de el camino del exceso.
La suerte está echada. Esta mañana, un montón de gente y yo hemos hecho las pruebas de acceso a la entidad bancaria que, si me sigues desde más o menos el principio de esta historia, ya sabrás cuál es. Si no, se siente.
Ahora sólo queda cruzar los dedos y esperar. Los resultados, en unos quince o veinte días.